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martes, noviembre 24, 2020
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Abuso de menores: “Soy sobreviviente y mi condena es de por vida”

El testimonio de una víctima, indignada por el fallo del caso Próvolo que dejó sin efecto las acusaciones al declarar la prescripción

En la tarde del viernes, a raíz de la difusión en distintos medios de comunicación, tomé conocimiento del fallo emitido por la Sala III del Tribunal de Casación de la Provincia de Buenos Aires, y sus Jueces a cargo, los Dres. Violini y Borinsky, en lo que respecta al conocido ‘Caso Próvolo La Plata’. 

Ayer, al leer las páginas del fallo filtradas en los medios, también sentí indignación, temor, bronca y tristeza. 

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Estas sensaciones o sentimientos, son producto y consecuencia de lo que genera la impunidad manifiesta en esas páginas. 

Soy sobreviviente y particular damnificada en una causa que aún se encuentra en trámite, por delitos cometidos contra mi integridad sexual por parte de mi progenitor, cuando era tan solo una niña de entre 2 y 5 años. Hoy tengo 33 años y sigo cargando con el peso del estigma que implica sobrevivir a este tipo de delitos. Un estigma que atraviesa la vida en todas sus aristas, que puede sanar de a poco pero parte de el sigue ardiendo y quemando como fuego. Un fuego que nunca se apaga, uno permanente. 

En la década de los 90, no existía educación sexual integral. Ni para nosotros, ni para nuestros educadores, ni para nuestras familias. 

Quienes transitamos nuestra infancia durante esa época o anteriormente, carecíamos de herramientas para poder descifrar o discernir sobre que determinados actos, ‘juegos’ o ‘cariños’ eran impropios o acciones que configuraban delitos. Nuestros adultos carecían de herramientas para reconocer indicadores propios de un niño abusado. 

¿Qué puede saber un niño de lo que es un delito? ¿Qué podíamos saber nosotros, que los monstruos eran precisamente quienes tenían la obligación legal, ética y moral de protegernos de los mismos? ¿Cómo podíamos imaginar en nuestra inocencia, que estas personas estaban generando un daño que iba a ser perpetuo? Si, PERPETUO. Por qué nuestra condena es de por vida. 

Entonces le pregunto a todos los Magistrados que actúan en nuestras causas: 

¿Acaso saben ustedes, que muchos de nosotros NO sobreviven para contarlo? ¿Saben acaso, de la tasa de suicidios, autolesiones, adicciones, patologías psiquiátricas, psicológicas y flagelos de todo tipo que atravesamos quienes fuimos víctimas de delitos contra la integridad sexual en la infancia? ¿Saben ustedes, de cuántos años en promedio tarda una víctima en lograr asumir primero, y hablarlo después, tales aberraciones? 

¿Tampoco saben, que el pederasta es reincidente y que es una parafilia que nunca desaparece? 

No, yo creo que muchos no lo saben. 

Si lo supieran, entenderían que cuando llega un recurso solicitando el sobreseimiento de un pederasta, no pueden tomarlo como algo sencillo, como algo al pasar. Son causas que merecen todo el tiempo de análisis, de empatía, de entendimiento. De búsqueda de precedentes y jurisprudencia a nivel Nacional e Internacional, y de pensar que la letra del legislador en este asunto, no es explícita. 

¿De verdad creen que el principio de irretroactividad de la ley penal y ley más benigna, incluye el tiempo de denuncia y exime al Estado de la OBLIGACIÓN de investigar e impartir Justicia, cuando se trata de delitos cometidos contra niños? 

¿De qué colisión de derechos hablamos, cuando a las víctimas NO se nos permite acceder a la Justicia? ¿Qué pasa con los Tratados y Convenciones con rango CONSTITUCIONAL que sostienen el Interés Superior del Niño? 

La Ley de Educación Sexual Integral, FUNDAMENTAL para que los niños puedan entender que cosas son impropias con respecto a su cuerpo, fue promulgada recién en el año 2006, cuando ya éramos adultos. Y gracias a ese avance cultural y al acceso a la información que generó el desarrollo de nuevas tecnologías, pudimos empezar a entender que era lo que nos había pasado. 

Pudimos empezar a ponerle nombre a las cosas que habíamos padecido, como también a todos esos síntomas que arrastrábamos por décadas. 

Muchos parecen no tener noción de los estragos que hacen el silencio, el miedo, la culpa, el asco y la vergüenza en el cuerpo y la psiquis de un sobreviviente. 

Jamás le desearía a nadie vivir nuestro calvario, nuestro infierno, nuestro dolor. Dolor que se agiganta cuando leemos fallos como el emitido por la Sala III. 

El Estado nos desprotegió cuando éramos niños, al no brindarnos las herramientas educativas para reconocer lo que nos pasaba en nuestras casas o en nuestras escuelas; el Estado también nos desprotegió cuando omitió hacer campañas de difusión sobre el abuso infantil, cuando no capacitó a nuestros docentes, cuando no permitió que nuestros adultos se formen para reconocer nuestros indicadores. 

Y como ese Estado, que inclusive ya estaba suscrito y era firmante de numerosas Declaraciones, Convenciones y Tratados de carácter Internacional, jamás se hizo cargo de brindar las herramientas arriba mencionadas durante los años precedentes al 2006, entonces, ese Estado, TAMBIÉN fue RESPONSABLE. 

Entonces ¿Cómo pretenden culparnos a NOSOTROS de nuestro silencio si fue EL ESTADO quien contribuyó y fue parte del mismo? ¿Por qué hoy, siendo que en el año 1994 esos TTII comenzaron a formar parte de nuestra CN, el Estado, mediante el Poder Judicial sigue castigando a la víctima y no al victimario? 

¿Cómo puede ser, que después de todo lo que aprendimos y evolucionamos como sociedad, un Poder del Estado siga mirando hacia otro lado y quitándonos el derecho a ACCEDER A LA JUSTICIA que nos negaron al no actuar conforme a sus obligaciones cuando éramos niños?

Hoy, como sobreviviente, como alguien que cayó en el infierno y tuvo el valor de resurgir para poder dar esta batalla, les pido que reflexionen. No solo a los Dres. Violini y Borinsky, sino al conjunto de todos aquellos que conforman el Poder Judicial. 

No somos víctimas de un robo, somos víctimas de atentados contra la integridad sexual, psicológica y humana. 

Merecemos JUSTICIA, merecemos que el Estado ahora SI se haga cargo de sus obligaciones. 

¿Y saben que pasa cuando el Estado omite las mismas y se convierte en cómplice de un delito que atenta contra los Derechos Humanos? 

Si, eso que ustedes están pensando. 

*A, sobreviviente de abusos cometidos entre los años 1990 y 1994.

(N de R: Opinión Frontal, por pedido expreso de la autora de esta crónica, no revela su identidad)

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