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Entraron a la casa de Barreda: así está hoy la escena del horror

Policías ingresaron a la casona de la calle 48, en La Plata. Lo hicieron porque los vecinos temen que sea usurpada. Qué encontraron los efectivos

Ruidos, personas extrañas e historias que provocan miedo. Los vecinos de la casona del centro platense, donde el cuádruple femicida Ricardo Barreda masacró a toda su familia en noviembre de 1992, manifestaron el temor de que la vivienda haya sido usurpada. Por eso hoy una comisión policial, con autorización de la justicia, ingresó en la abandonada construcción de 48, entre 11 y 12, para certificar que no hubiese nadie en el interior.

Los agentes policiales, que grabaron el lugar con teléfonos celulares y cuyas imágenes se publican en esta nota, no encontraron señales que indiquen que la casa haya sido usurpada. Pero sí vieron, en medio de la destrucción por el paso del tiempo, las huellas del horror: cada uno de los rincones de la casa donde hace 28 años el odontólogo Barreda, con una escopeta calibre 16, mató a su suegra Elena Arreche (86), a su ex esposa Gladys Mc Donald (57) y a sus hijas Cecilia (26) y Adriana (24).

“La casa del horror”, tal como se la conoce en La Plata, está en medio de una batalla judicial. El femicida, hasta sus últimos días de su vida, litigó para quedarse con la costosa construcción de dos plantas. De hecho, los jueces que lo condenaron a perpetua, aunque después fue beneficiado por la “ley del dos por uno” y salió de la cárcel mucho antes de tiempo, dijeron que Barreda mató por plata, porque sólo quería quedarse con todos los bienes de la familia, aunque ya habían hecho la división cuando se había firmado el divorcio de la pareja.

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Barreda, después de matar a su familia en la mañana del domingo 15 de noviembre de 1992, fue al cementerio a llevarle flores a la tumba de sus padres, pasó por el zoológico y le tiró comida a la jirafa, para luego buscar a su novia, con quien tuvo relaciones sexuales en un hotel alojamiento. Antes había descartado los cartuchos usados y la escopeta marca “Víctor Sarrasqueta” en Punta Lara, en Ensenada. Al atardecer, fue a una pizzería y comió una porción de muzzarela, tomó una cerveza y ahí sí decidió volver a la casa de la masacre. Tras desparramar algunos libros para simular un robo, llamó al servicio de emergencia médica y dijo: “entraron ladrones en casa y lastimaron a mi familia”. Dos días después, abrumado por la prueba en su contra, confesó los asesinatos antes un comisario, aunque se defendió diciendo que era víctima de maltratos, lo que no era cierto.

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Barreda, pese a ser el mayor femicidia de la historia penal argentina, salió de la cárcel e incluso tuvo una nueva pareja, con quien vivió en un departamento del barrio porteño de Belgrano, hasta el fallecimiento de la mujer. Finalmente, murió el 25 de mayo pasado en un geriátrico del Gran Buenos Aires.

La casa está destruida, pero con casi todos los muebles de entonces. Hoy la policía descubrió hasta el Ford Falcon verde con techo negro que Barreda usó para salir a pasear después de cometer el cuádruple femicidio.

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