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domingo, junio 20, 2021
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Pichón Laginestra y el camión fantasma

Fue un conocido delincuente de la década del 60. Se escapó de varias cárceles. Lo mencionaban como el líder de la "aristocracia del hampa"

Un viejo y pesado camión cisterna marchaba despacio por las calles de Rosario. Era un camión que se había usado para transportar vinos de una conocida bodega de la década del ‘50. Mientras avanzaba, iban y venían patrulleros con las balizas encendidas buscando a una peligrosa banda de delincuentes que había asaltado un banco. A los ladrones parecía que se los había tragado la tierra.

Tanto en Rosario como en Buenos Aires, varios robos a bancos habían conmovido a la sociedad. Los diarios informaban sobre el accionar de la banda de “Pichón”, el delincuente más famoso de la década del ‘60. Lo mencionaban como el creador del “sindicato de los pistoleros” o el dueño de la “aristocracia del hampa”. Se llamaba Juan José Ernesto Laginestra, alias Pichón.

Pichón Laginestra “inventó” con sus cómplices una forma casi irreal de escapar de los robos y ocultarse de la Policía: en enorme tanque cisterna del camión había armado un living con camas, mesas y provisiones para pasar varios días sin ser visto. El camión fue, para la época, un fantasma para la policía y los jueces.

Laginestra nació en 1937 en la ciudad de General Bogado, en Santa Fe, aunque vivió en San Martín, provincia de Buenos Aires, y creció en el barrio porteño de Villa Soldati. Según el prontuario, cometió alrededor de 50 asaltos a bancos y secuestros, se escapó tres veces de cárceles y nunca hirió a ninguna víctima en los atracos.

El primer asalto importante que quedó registrado de este delincuente se produjo en diciembre de 1959, en Rosario. Allí robó las oficinas de SEGBA, de donde se llevó 800.000 pesos de entonces. En 1968, en su segunda estadía en la cárcel, en la madrugada del 23 de marzo fue el protagonista de una de las más increíbles fugas de un penal. Fue en la cárcel de encausados de Rosario. Nadie sabe aún cómo este hombre, que era delgado y petiso, salió de la celda de aislamiento que estaba cerrada con llave desde afuera, después con una soga de casi 7 metros se descolgó de un muro y se subió a un viejo Taunus, en el que huyó a toda velocidad, no sin antes esquivar una ráfaga de metralla de un guardia que lo vio escapar.

Ese mismo año, otros peligrosos delincuentes se escaparon de la cárcel de Caseros, en la Capital Federal, luego de limar barrotes y tomar como rehenes a guardiacárceles. Siempre se sospechó que el ideólogo fue Pichón, quien desde la calle comandó las acciones para poder rescatar a sus cómplices, con los que cometió una seguidilla de robos a bancos y secuestros.

En setiembre de ese año, la banda de Pichón ingresó a una casa de Villa del Parque y tomó como rehén al matrimonio que vivía en el lugar. Los maniataron y esperaron. Cuando el jefe dio la orden, los ladrones saltaron la medianera y entraron al patio del Banco Popular Argentino, en la calle Nazca de Villa del Parque. Al llegar los empleados, los hicieron arrojar al piso, dispararon un tiro al aire y robaron 23 millones de pesos. Se fueron a toda velocidad en un Ford Falcon.

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Quince días después fue el turno del Banco Nación de Arroyito, en Rosario. Esperaron que llegara un empleado, a las 6, lo amenazaron y entraron por una cochera. Todos cubrían sus rostros con pañuelos. Tomaron café y sirvieron gaseosas mientras iban llegando los bancarios. Cuando arribó el gerente, abrieron el tesoro y robaron 38 millones de pesos, que cargaron en una vieja camioneta del banco.

El Ford Falcon habría sido su única posesión.

El robo al banco de Rosario dejó un descubrimiento que sorprendió a todos. Un testigo dijo que vio a cinco hombres que se metieron debajo de un camión cisterna y desaparecieron. El camión, aportó, tenía un dibujo del “Pájaro Loco”.

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Ese fue el dato clave. Ese día, Laginestra decidió abandonar el vehículo que lo había convertido en una especie de “mago de la fuga”. Tiempo después, fue capturado cuando se escondía en una pensión de la avenida Huergo, en San Telmo. Pero una vez más se escaparía de la cárcel, en 1972, tras hacer un túnel.

Esa forma de escapar y engañar a la Policía, también la usaría para cobrar el rescate de secuestros extorsivos. Cuenta la crónica policial que habían reclamado que el pago se hiciera en un Fiat 600 que habían dejado estacionado en una esquina, en la provincia de Santa Fe. A unos cien metros, varios policías esperaban ocultos que llegaran a buscar la plata, y así detenerlos. Pero nadie apareció. Horas después, al aproximarse, se dieron cuenta que el Fitito tenía un hueco en el piso que daba justo a una boca de tormenta. Por ese hueco, se habían llevado el dinero ante las narices de los pesquisas.

Ya detenido, estuvo dos años en la cárcel de encausados de Córdoba. Fue el 25 de mayo de 1973 cuando el gobierno de Héctor Cámpora dio la orden de liberar a los presos políticos. Pichón lo aprovechó y se fue por la puerta principal. Después llegaron otros secuestros más en Santa Fe, entre ellos el entonces un intendente y conocido empresario. Pero cayó en Villa María, Córdoba, lo que lo llevó nuevamente a prisión.

La última condena fue a reclusión perpetua y ya no volvió a huir. Cumplió la pena en la Unidad 1 de Córdoba, donde pasó los años de la dictadura militar. En noviembre de 1984, ya con el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, fue beneficiado con una reducción de pena, y recuperó la libertad.

Cuando parecía que ya no iba a volver a delinquir, Pichón organizó nuevamente una banda y salió a robar. Laginestra, con 49 años, asaltó el 17 de noviembre de 1986 la fábrica de medias Silvana, en el partido bonaerense de San Martín. Iba con dos cómplices, con los que se llevó la plata de los sueldos. Pero algo salió mal, y la policía los persiguió. Cuando estaban por subir a la General Paz, se produjo la balacera. Murieron Néstor Pascual, de 27 años, y Pichón, el hombre que había marcado una época de violencia en la Argentina.

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