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martes, marzo 2, 2021
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Exclusivo: cumbre política con Covid-19, dos grandes ausentes y una interna

A dos referentes del posmacrismo no los dejaron sentarse en la mesa en la que después se destapó el positivo de Vidal

Una vez más, pusimos el oído en el lugar indebido y el murmullo del otro lado de la puerta fue suficiente. “Tremendo”, diría con énfasis el sabueso Paulo Kablan, conocido ahora en el ambiente como el padre del hijo que no le gustó al nacer (eso sí que es tremendo, le podríamos decir de este lado). Lo cierto es que si les decimos que las internas políticas evitaron más contagios de Covid-19, se van a sorprender, pero no van a entender. Si acotamos que en la mesa política faltaron más comensales, tampoco podrán deducir. Quizás empiecen a sospechar algo si agregamos que una de las personas del convite no quiso que otros dos estuvieran. Y así fue como quedaron al margen del posible contagio. Esto, a decir verdad, se empieza a poner lindo…

El resultado positivo del test de María Eugenia Vidal fue el detonante de la explosión política. “Fue sin querer queriendo”, podría decir El Chavo del 8. Pero fue excusa y disparador de una reunión política que nadie tenía en la lupa y copó el centro de todas las miradas.

En la sede de la calle Uspallata del gobierno porteño, se dieron cita el jefe local, Horacio Rodríguez Larreta; su actual asesora, la ex gobernadora Vidal; el ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, y el senador Martín Lousteau. Vidal llegó a ese encuentro tras haber tenido otro con su ex funcionario, Alex Campbell. Lo cierto es que Campbell dio positivo y eso motivó a la ex gobernadora a realizarse su test, que tuvo igual resultado.

A la par de la preocupación que originó en los otros comensales de la comilona en Parque Patricios, y los consiguientes testeos, dicen que Horacio vio la oportunidad de hacer trascender lo que hasta ese momento era una reunión secreta. La operación política salió a la luz y pronto, a la par del test de Vidal, corrió como reguero de pólvora la cumbre del posmacrismo.

Los dialoguistas, como les gusta ser llamados, se reunieron en el marco del armado que venimos anunciando con bombos y sin platillos, que los tiene de un lado opuesto a los punzantes y endurecidos macristas liderados por Patricia Bullrich. Ese encuentro dejó al menos dos mensajes claros: uno, dirigido directamente al corazón del ex presidente, Mauricio Macri. “Aquí estamos, es nuestro turno”. Se supone que allí el liderazgo corre por cuenta del dueño de casa, don Horacio Rodríguez Larreta, y el resto está para jugar. Pero hay otra señal en esa foto: también dimos cuenta de los reiterados y fuertes desencuentros pasados entre Vidal y Monzó, que arrancaron en 2015 y se recrudecieron en 2019, cuando la ex gobernadora dejó afuera de las listas al armado del hombre de Carlos Tejedor. Hoy, sentados juntos –con distancia social, se aclara- se habla de que “hicieron las pases” y que ahora se trata de mirar para adelante.

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La foto de los cuatro fantásticos no fue casual. Llegó pocos días después que Macri se mostrara con la líder de “La República”, Elisa Carrió, donde ambos salieron al mismo tiempo en redes a cuestionar al actual Gobierno, en una clara señal de alineamiento y “presencia” política, después de larga ausencia. No trascendió más que la foto, y suficiente el mensaje, de Larreta, Vidal, Lousteau y Monzó. Hay ahí proyección nacional y dirigentes con representación en CABA y en la provincia de Buenos Aires. Pero también anticipamos que Monzó se estaba moviendo, sin prisa y sin pausa, con muy bajo perfil, buscando “amigos” a nivel nacional, heridos del PRO duro y del peronismo que se quedó sin lugares a nivel nacional o bonaerense. Y vamos así llegando a la perlita, lo que escuchamos detrás de la puerta y que seguro, pero seguro, no leyó ni vio en otro lado. Hubo dos ausentes en la comilona de Parque Patricios, y no porque no estuvieran invitados, ni tampoco porque ellos no quisieran estar. Hoy, como suele decirse, “con el diario del lunes”, están más agradecidos, porque evitaron el posible contagio, aunque aún mascullan bronca. Resulta ser que una de las personas de la mesa (si decimos que es mujer, destapamos la olla), se plantó a poco de ingerir el primer bocado, y dijo “éste y éste, no”. Y parece que su palabra tiene peso, porque Diego Santilli y Rogelio Frigerio se quedaron arafue. El “Colorado”, que también juega de local en Uspallata, pegó un grito que se escuchó hasta Palermo, más aún cuando quisieron invitarlo, cerca del final, a que pase “a tomar un café”. No dijo “minga”, pero en mucho se pareció su gesto. Lo cierto es que, amigas y amigos, querido sabueso Kablan, la señora no quiso que Frigerio y Santilli se sienten, al menos por ahora, a la mesa de los cuatro fantásticos y ambos quedaron al margen no solo de la cita política, sino también del riesgo sanitario. Y Colorín, colorado (perdón Santilli), esta historia ha terminado…

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