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domingo, marzo 3, 2024
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El dramático testimonio del médico que fue baleado en Río Negro

El médico contó lo que vivió cuando el agresor se le apareció en la puerta de la guardia y le tiró a matar. Dos balas siguen alojadas en su cuerpo

Jaime Alejandro Vega, ya está en su casa de Villa Manzano, con reposo absoluto y una batería de remedios, entre antibióticos, analgésicos, corticoides y un protector gástrico. Las tres heridas de bala que sufrió cuando fue atacado en la puerta de la guardia están cicatrizando bien. Pero siente dolor en la cara y en el hombro izquierdo, donde dos de los los proyectiles siguen alojados; y quemazón en la espalda. Allí la bala tuvo orificio de entrada y salida y solo le dejó su marca.

Al médico de 45 años, le cuesta hablar porque el impacto en su rostro tocó el nervio facial. De a poco modula mejor cada palabra, pero la lesión le produce dolor al masticar. Dice que tal vez quede con alguna discapacidad. También lo inquieta el zumbido que le quedó en el oído derecho. Le recuerda el ruido de las detonaciones y el terror de que alguien se aparezca de la nada y lo mate, como estuvo muy cerca de ocurrirle el pasado 15 de octubre por la madrugada cuando regresaba a la guardia, luego de trasladar a un paciente con Covid-19 hasta el hospital Juan XXIII de General Roca.

Los dos proyectiles que siguen adentro de su cuerpo se encapsularán o el mismo organismo los expulsará. En principio, sería menos perjudicial para su salud que asimile las balas a que se las saquen. “Yo creo que fue un milagro, te lo digo con los ojos cerrados. Y el que no cree en Dios, que vea el video”, sostuvo.

El día del brutal ataque, llegó en una ambulancia hasta la puerta de la guardia del hospital de Campo Grande. Se bajó y escuchó ruidos. Acostumbrado a las corridas de la gente cuando, desesperada, busca la ayuda de los médicos, pensó que alguien requería atención.

“Eso pensé, que alguien necesitaba ayuda y trataba de hacer contacto visual con la enfermera -que estaba en la ambulancia- para ver quién venía”, contó el médico de Campo Grande.

Sin embargo, cuando la persona se le apareció de frente, demostró que sus intenciones eran otras. “Lo primero que veo es el revólver a 40 centímetros de mi cara, que me apunta en la frente. Cierro los ojos y giro la cara. Pensé que me mataba. Escucho el ruido, el impacto y el dolor en la mandíbula. Quedé aturdido. Automáticamente levanto el brazo, como un acto reflejo para evitar la agresión, pero vuelve a disparar. Yo me caigo y quedo en el piso, inmóvil. Ahí siento otro ruido, otro disparo, y un dolor en la espada, cerca de la columna. Ese fue el tercer impacto, en milésimas de segundos”, recordó.

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“No sé cómo logré levantarme. Estaba abatido, no podía reaccionar. La mano de Dios y de mis viejos seguro me ayudaron. Yo no quería morir en el piso, menos trabajando. Gracias a la enfermera, no siguió disparando. Gracias también al chofer, que sino me descargaba todas las balas que tenía. Ellos salieron a ayudarme y el asesino terminó huyendo”, agregó.

El médico baleado aseguró que “el mensaje fue clarísimo: te voy a matar”; y advirtió también premeditación en el acto.

Enseguida se subió a la ambulancia, porque sabía que el tiempo podía ser una variable de peso. “Yo le calculaba entre siete y ocho minutos, y tenía miedo de que una de las balas haya ingresado al pulmón y colapse rápidamente”, confesó.

En esas circunstancias, fue vital la contención de la enfermera para tranquilizarse y llegar hasta el hospital de Cinco Saltos, donde los médicos lo asistieron en primera instancia. Luego fue trasladado a Cipolletti, donde quedó internado un par de días hasta que el sábado pasado le dieron el alta. También llamó a su amigo y colega para que se haga cargo de la guardia porque le habían pegado tres tiros.

No ha pasado una semana, y las imágenes y sensaciones son muy frescas. Alejandro recuerda muy bien cada detalle, la “mirada fija del asesino” casi encima suyo. Ojos negros y decididos. Cejas oscuras y el ceño fruncido. Todo el resto de la cara tapada. “Vi desprecio por la vida, vi bronca, vi maldad. No hay dudas que quería matarme. Todo en milésimas de segundos. Por eso siento terror de que alguien venga de la nada y me tire a matar”, confesó Vega.

Fuente : Diario La Mañana de Neuquén

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