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martes, junio 22, 2021
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Superar la virtualidad para encontrar la libertad

Ser virtual o ser real, estar o no estar. Parecieran dilemas un tanto banales y pertenecientes a una filosofía barata y zapatos de goma. Pero en nuestro 2021 este planteo ha comenzado a ser una pregunta casi existencial

La virtualidad se ha apoderado de nuestras vidas como un fantasma invisible y absoluto que no permite en apariencia escondite posible.

Estamos viviendo la distopía del 1984 de George Orwell, ¿será posible encontrar ese punto ciego donde lo virtual no nos avasalle y nos absorba de forma completa?

Para poder comprender nuestra situación actual, comenzaremos cómo es debido desde el principio, o desde nuestro principio arbitrario por la definición de conceptos fundamentales.

Espacio y tiempo

Las nociones de espacio y tiempo son conceptos constitucionales y constitutivos del ser humano.

El espacio es entendido como ese lugar que se habita y al cual se pertenece, el espacio diferencia roles, posturas y funciones. En distintos momentos de la vida del sujeto ocupar un lugar u otro son consecuencia de su desarrollo constitutivo y evolutivo.

En los aspectos educativos, por tomar un ejemplo, tenemos un primer espacio que es el jardín de infantes, que presenta sus propias características que definen ese lugar, y así sucesivamente, vamos ocupando nuevos espacios, habitando nuevos lugares, que van concordando con algo que lo preexiste que son los objetivos y metas que cada sujeto posee o se propone.

El jardín es el primer ámbito educativo donde se define un espacio

En nuestra sociedad los trabajos, los oficios, o cualquier actividad se desarrolla en un espacio específico, incluso a veces adecuado para esa función.

Según el filósofo Bollnow, “la vida se extiende en el espacio sin tener una extensión geométrica en sentido propio. Para vivir necesitamos extensión y perspectiva. Para el despliegue de la vida, el espacio es tan imprescindible como el tiempo”.

El tiempo puede ser definido como aquel período determinado durante el que se realiza una acción o se desarrolla un acontecimiento. Existe un tiempo vivencial que es aquel que el sujeto significa e incorpora como parte de su constitución.

El tiempo vivencial es aquel durante el cual el hombre vive, actúa y contractúa, mientras el espacio vivencial sería el soporte de tales actuaciones.

Virtualidad

Con la pandemia, el “home office” pasó al centro de la escena

Los tiempos actuales han instaurado un concepto que si bien no es novedoso en si mismo, lo es en la inclusión del entramado de la vida cotidiana, este concepto es lo Virtual, definido como “algo que solamente existe de forma aparente y no es real”.

En esta nueva realidad en la que nos encontramos, las actividades, las relaciones y hasta las distracciones se han convertido virtuales.

Los trabajos dejaron de realizarse en oficinas, locales, instituciones y comenzaron a ser “home office”, la educación adoptó también está modalidad, clases virtuales, zoom, meet, videollamadas, todo comenzó a formar parte de nuestra cotidianeidad.

Y para el momento de relajarnos surgieron las plataformas de streaming de las mas diversas, para ver las clásicas películas y/o series, o para ser visto, para filmarse realizando desafíos virtuales, para que otros observadores virtuales den su aprobación o su rechazo.

El tiempo y el espacio se amalgamaron en una virtualidad que precisamente y aunque parezca contradictorio, carece de tiempo y espacio.

Las actividades, las relaciones y hasta las distracciones se han convertido virtuales

Las actividades laborales ya no son en otro espacio y tiempo, sino son a través de un dispositivo en un espacio de la propia casa, es decir invade un lugar que nos pertenecía, lugar que habitábamos con otro significación, era un lugar de nuestra esfera privada.

Los estudiantes de todos los niveles convirtieron también espacios privados en aulas.

El otro aspecto al que nos enfrenta la virtualidad es la marcada desigualdad social entre los que tienen acceso y los que no. Desigualdad que como siempre, duele, hiere y nos obliga a replantear situaciones esenciales y básicas de nuestra sociedad.

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En los aspectos clínicos del abordaje psicológico han comenzado a surgir síndromes asociados al uso excesivo de los dispositivos virtuales. Para ser más especifica ha ocurrido una inversión de roles donde el objeto pareciera ser el humano, y quien dispone a voluntad tiempo y espacio es lo Virtual.

Recuperar nuestro espacio y tiempo

Los cuadros de ansiedad y angustia se asocian a la pérdida de un espacio que les pertenecía que se ha visto colmado por la continúa demanda de lo virtual.

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Esta nueva problemática no diferencia edad, sexo, ni clase social. Y es por eso que requiere una intervención urgente. Debemos recuperar nuestro espacio y tiempo, debemos realizar todos los esfuerzos necesarios para lograr diferenciar esos espacios.

Si alguien trabaja en la modalidad home office, debe imperiosamente acotar el tiempo de trabajo, porque como ya lo planteamos lo virtual carece de esa cualidad, lo virtual es un continuo absoluto y absorbente. Es por esa razón que debemos tomar conciencia y a partir de la conciencia, el control sobre ese tiempo.

Son pequeños actos que se irán convirtiendo en grandes hazañas. Tomarnos un tiempo para tomar un café o un mate sin ningún dispositivo cerca, volver a conectarnos con aquellos que convivimos sin tener la tecnología como tema central.

Nada malo va a suceder si no vemos un estreno, si no vemos una serie, si no nos filmamos realizando un desafío. Todo lo contrario. Vamos a descubrir que nada reemplaza la mirada de un ser querido, que ninguna serie es tan buena como una charla sincera y profunda con un hijo, una hija, una madre, un padre, un hermano, un vecino que cruzamos (siempre con barbijo y con distancia) y nos decimos mutuamente esto va a pasar y todos nos vamos a encontrar. Pero empecemos ese encuentro hoy sin que sea virtual, tengamos encuentros reales, el otro y nosotros lo necesitamos.

El gran Cortázar como posible reflexión a nuestros tiempos

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Historias de cronopios y famas, Julio Cortázar.

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