28.4 C
Buenos Aires
lunes, enero 18, 2021
Inicio Cultura Libros que se prenden fuego

Libros que se prenden fuego

Ya decía Sartre que “no hay necesidad de fuego, el infierno son los otros”; y esta frase viene perfecta para introducirnos a los libros que traemos hoy: joyitas alrededor del fuego que arden tanto que tienen luz propia

Cómo provocar un incendio y por qué” llegó a la Argentina de la mano de la editorial Sigilo. A priori sabemos que la protagonista es una adolescente con cierta tendencia incendiaria. Sin embargo, el libro tiene tantas capas y tantas lecturas que se transforma en adictiva.

Es curioso como uno puede querer –sentir cariño– por algunos personajes y eso es lo que nos va a pasar acá. Lucía, nuestra protagonista, es muy inteligente y a pesar de la rebeldía típica de cualquier adolescente y una vida triste, es sobre todo, su infinita capacidad de empatía y realismo lo que la mantiene a flote. Convive con una tía por quien siente tanto cariño que la protege de todo, incluso de ella misma. Tiene una madre internada en un nosocomio, y un padre ausente. Y tiene también, ganas de dejar una marca fuerte en este mundo. Pero lo mejor de este libro no es la historia de Lucia, sino, la pluma magistral de su autor, Jesse Ball que pone en bocas de Lucia frases llenas de inteligencia y genialidad con un sesgo de distracción y fluidez.  Ball es además poeta. Y este no es un dato menor, diría yo, es un sello de su narrativa.  ¿Puede la tristeza tener atisbos de belleza? Puede. Aún más en un libro.

Este es un libro increíble porque la historia que contiene lo es: Javier Montes cuenta con maestría la historia  de Luz del Fuego”, sobrenombre de Dora Vivacqua una mujer amada y odiada en todo Brasil que un día, en pleno Carnaval de Río – en 1952- sacó dos pistolas y mientras gritaba “No soy la novia de Brasil, soy la novia pistolera” descargó los cartuchos contra el techo. Sus apariciones estaban marcadas por su desnudez; era la década del ’40 y vivía en una isla. Todos sabían que se paseaba desnuda y así, se apareció los 4 lunes del carnaval del ’52: solo abrazada por una serpiente. En el quinto lunes, hizo su espectáculo final cuando el Rey Momo iba a sacarla a bailar y ella decidió inundar de pólvora y terror aquel lugar.

 Esta mujer lo hizo todo: escribió novelas, fundó partidos políticos mientras bailaba con serpientes. La mujer era una radical y el país la amaba, y le temía y todo a  la vez. En una mezcla de evocación, recuerdos, realidad y novela Javier Montes en “Luz del Fuego”, editado por Anagrama,  nos permite armar el rompecabezas del Brasil que alguna vez fue. Pero más aún, hablar de una persona que alguna vez estuvo en el habla de todos pero que después desapareció del inventario popular y de la historia diaria de Brasil. Sin dudas un libro con vértigos literarios, vértigos personales y mucho fuego.

Este último libro no habla del fuego, ni de cenizas, ni de fogatas; pero si tiene luz propia. Dice Gustavo Yuste en “La felicidad no es un lugar”: Este poema no va a ser el fuego/que arrase con todo/ a pesar de las voluntades ajenas./ En cambio, si va a tener la terquedad/ de una pequeña vela/ prendida junto a una foto/par ayudar de una extraña forma/ a que todo salga lo mejor posible.

Yuste es un poeta excepcional, con varios poemarios en calle. Este, “La felicidad no es un lugar” lo editó Santos Locos poesía y es un compendio de pequeños grandes poemas. No todo el mundo lee y ama la poesía como pasa con otros géneros mayormente aceptados por los lectores;  pero en la poesía reside la génesis de la literatura: es donde nace el concepto y el corazón que siente. Y este libro tiene eso y mucho más.

Sus poemas son reales y concretos. Identificarse es sencillo y sentirlos como propios también. Es el libro perfecto para introducirnos en el género mayor: ese que, para escribirlo, nos obliga síntesis y emocionalidad y que Yuste logra con creces. Este autor tiene ante todo, una voz propia en la que nos hace mirar con atención nuestra cotidianidad para revelarnos detalles de luz y sombra difíciles de ver a simple vista.

Sí, recomendamos poesía a los cuatro vientos. Y en los cuatro vientos recomendamos “La felicidad no es un lugar” que arde con el mejor de los fuegos literarios.

Te puede interesar

Más noticias