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miércoles, julio 17, 2024
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El cambio climático pone en jaque el vino en Argentina y Chile

El cambio climático está generando transformaciones significativas en las zonas vinícolas de Argentina y Chile, dos importantes productores de vino en el Cono Sur

Mientras el vino de la región sigue ganando popularidad en Europa, los productores enfrentan desafíos cada vez mayores debido a las condiciones climáticas extremas.

En Chile, la escasez de agua ha llevado a muchos viticultores a replantearse sus cultivos. Elina Carbonell, viticultora y propietaria de la viña Lugarejo en la provincia de Colchagua, comenta que muchos están abandonando la viticultura y buscando otras opciones en diferentes sectores. La industria vitivinícola chilena representa aproximadamente el 0,5% del producto interno bruto (PIB) nacional y lidera las exportaciones en América Latina, junto con Argentina. Sin embargo, los cambios en el clima amenazan con poner en riesgo este sector tan importante.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas ha destacado que los incendios, como el que afectó a la zona centro-sur de Chile en 2017, y las sequías cada vez más severas están desplazando las zonas fértiles, lo que tiene consecuencias en las condiciones de las viñas.

En Argentina, también se han registrado impactos significativos en las regiones vitivinícolas, como Mendoza, que se encuentra a unos 1.000 kilómetros al oeste de Buenos Aires y es líder en el mercado interno de vinos en el país. Las heladas y las sequías han afectado gravemente la producción en esta región. La temperatura anual ha aumentado, lo que provoca una maduración temprana de las uvas y adelanta la vendimia. Esto ha llevado a que las bodegas tengan que adaptarse a las nuevas condiciones. Algunas han perdido producción debido a los eventos climáticos extremos, como las heladas tardías y las tormentas con granizo.

La producción anual en Mendoza disminuyó un 14% en 2022 en comparación con el año anterior, según datos del Gobierno argentino. Entre las causas se destacan las heladas tardías en octubre y las tormentas de granizo entre diciembre y febrero.

Ante estos desafíos, algunos viticultores están explorando otras líneas de negocio. El enoturismo se ha convertido en una opción para muchos, permitiéndoles recibir turistas interesados en el proceso de producción de vinos en bodegas más pequeñas. Además, el bajo costo de la uva chilena ha llevado a algunos productores a cambiar de sector y reemplazar los viñedos por la producción de pinos o eucaliptos.

A pesar de los obstáculos, los productores de vino de menor escala como Elina Carbonell, miembro de la Asociación de Pequeños Productores de Vinos de Autor del valle de Colchagua, destacan que existe un mercado para todos en la industria del vino. Sin embargo, reconocen que competir con las grandes marcas es extremadamente difícil.

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En cuanto a la exportación, las bodegas más reconocidas, como Trapiche y Catena Zapata en Argentina, y Viña Montes y Clos Apalta en Chile, son las que tienen mayor visibilidad en el mercado internacional. En el caso de Alemania, existe una competencia feroz en precios, lo que dificulta la entrada de vinos de países como Argentina y Chile. Los consumidores alemanes muestran interés en probar vinos de otros países, especialmente tintos, ya que Alemania cuenta con excelentes vinos blancos, como el Riesling.

Sin embargo, algunos viticultores, como Daniel Wiederkehr, un viticultor suizo en Chile, señalan que los consumidores europeos están cada vez más interesados en consumir vinos de sus propios países, en parte debido a la preocupación por la huella de carbono asociada al transporte de vino desde regiones lejanas.

En cuanto al consumo interno, el vino ocupa un lugar importante en la cultura argentina, acompañando tradicionalmente los asados y las comidas. Los argentinos muestran un fuerte apego al vino argentino, lo que explica el alto consumo interno y su posición en el noveno puesto entre los países consumidores de vino. En cambio, Chile se sitúa en el puesto número 23 en consumo interno, según datos de la OIV.

En Alemania, el consumo de vino alcanza los 19.400 helectrolitros en 2022, lo que lo coloca en el cuarto lugar a nivel mundial. Sin embargo, Italia, Francia y España continúan liderando la producción de vino según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Chile ocupa el sexto lugar y Argentina le sigue en la lista.

A pesar de los desafíos del cambio climático, los productores de vino en Argentina y Chile están buscando formas de adaptarse y superar las dificultades. La industria vitivinícola es un componente importante de la economía de ambos países, y se espera que los productores continúen innovando y encontrando soluciones para garantizar la calidad y la sostenibilidad a largo plazo de esta preciada bebida.

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