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¿Qué tiene en la cabeza un femicida?

La historia penal argentina está marcada por los asesinos machistas: todos ellos comparten rasgos y características y perciben a la mujer como un objeto

FEMICIDAS. Vásquez, Farré, Barreda, Wagner, Parminder, Lagostena, Tablado y Mangeri.

En las últimas horas, Basra Parminder fue condenado a perpetua por asesinar a su esposa en el barrio porteño de Vélez Sársfield, en un contexto de violencia de género. Así como Parminder, en la historia penal argentina hay varios tristemente célebres femicidas, que han conmocionado al país con sus crímenes: es el caso de Daniel Lagostena, Jorge Mangeri, Ricardo Barreda, Fabián Tablado, Fernando Farré, Sebastián Wagner, Eduardo Vásquez, y tantos otros.

No todo psicópata es femicida, pero es muy probable que un femicida sea psicópata. Podríamos decir que casi seguramente presentan una psicopatía y que se han “adaptado” al contexto machista de la sociedad en que vivimos, tomando en este caso a la mujer como un objeto que les pertenece.

Entonces, ¿qué sucede en la mente de un asesino machista? Para definirlo, vamos a adentrarnos en la psicología de estos despiadados criminales.

Psicopatía

Fernando Farré asesinó a su esposa de 66 puñaladas. “La mató a sangre fría. Cuando no le servía la foto de familia feliz, se deshizo de ella”, relató la fiscal

Desde la perspectiva psicoanalítica, el ser humano se constituye como tal a partir de una estructuración psíquica, es decir, forma una estructura que definirá rasgos y características en su personalidad. De las tres grandes estructuras para esta teoría encontramos la neurosis, la psicosis y la perversión. Dentro de esta última es donde se pueden encuadrar a las
psicopatías.

La psicopatía presenta rasgos que le son característicos y que la definen como una entidad nosológica dentro de los trastornos de personalidad. Entre sus características más nítidas y claras se presenta la imposibilidad de mostrar y manifestar empatía por el Otro, dificultad en todos los ámbitos de relación, sea afectivo, laboral o cualquier otro aspecto social.

Daniel Lagostena. Definido por la Justicia como controlador, inseguro, celoso, violento y narcisista. Asesinó a su pareja e hizo desaparecer los restos

Esta imposibilidad no debe confundirse con un concepto de carencia, como podría darse en otros cuadros patológicos, sino que en el psicópata esta imposibilidad ésta dada fundamentalmente porque el otro, entendido éste como cualquier ser ajeno a la propia persona, esta en lugar de objeto, es una cosa que se posee y que cumple determinada función egocéntrica para el psicópata.

El otro es algo que el psicópata posee, que completa su narcisismo, y por esa razón puede hacer uso, abuso y desuso de ese objeto.

Sebastián Wagner violó y asesinó a Micaela García, un femicidio que introdujo la perspectiva de género en la Justicia con una histórica ley

En la personalidad psicopática los mecanismos que lo tipifican son el control omnipotente, la identificación proyectiva, la disociación y la actuación.

La necesidad de ejercer el poder es el propósito preferente. En el caso de la psicopatía grave, el valor de las demás personas queda reducido a su potencial utilidad para permitir la demostración de poder.

El otro tomado como objeto por el psicópata ignora, por lo general, esa condición, ya que en el entramado de la manipulación el psicópata logra hacer invisible esa condición.

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Fabián Tablado. “Yo quise darle un hijo pero ella se negó”, dijo tras asesinar de 113 puñaladas a su novia

Psicópatas femicidas

En los casos de femicidios cometidos por un psicópata suele haber una larga historia de vinculación patológica, donde muchas veces la victima “dejó pasar por alto” muchos indicadores de la psicopatía. Es necesario aclarar que este dejar pasar por alto, es precisamente el mayor éxito que tiene el psicópata sobre su víctima. Mensajes contradictorios y continuos son los que caracterizan los siniestros vínculos que establece el psicópata: “lo hago por tu bien”, “nadie te va a amar como yo”, “no hay nadie más importante en el mundo”.

Leídas así de simple parecieran frases de un amor genuino, el problema es que esas frases son por lo general seguidas a un acto de impulsividad violenta del psicópata. La victima comienza a dudar de su propia percepción de que algo malo sucede, y valida sin darse cuenta ese discurso que la reduce una y otra vez a ser un objeto de satisfacción del psicópata.

Basra Parminder le dijo a su víctima que era “suya o de nadie”

Sucede en un momento donde la victima comienza a ver nuevamente las cosas tal y como son. Puede decidir correrse de ese lugar, pero esa decisión nunca es soportada ni aceptada por el psicópata, desde su mentalidad sería como decir ¿Cómo este objeto, que yo modele, que me pertenece, que todavía necesito, puede dejarme? “mía o de nadie”.

Los objetos no nos dejan, no deciden. Este puede suele ser un punto de quiebre en el psicópata que quizás a ese momento para el entorno o los allegados (excepto la víctima o victimas) era una persona “normal”, igual a cualquier otra persona, adaptada en apariencia (porque en las psicopatías siempre es en apariencia), y sucede el pasaje a la acción, el impulso de no permitir que ese objeto decida y menos aún que ese objeto lo deje.

Ricardo Barreda, un femicida que asumió y se enorgulleció de su crimen

En ciertos casos, las personas psicopáticas pueden presumir de manera totalmente consciente de sus actos para impresionar a los demás con su poder, pueden asumir un crimen y detallarlo porque esto le permite expresar su poder, su dominación sobre el otro, pero como contracara puede llegar a ocultar delitos menores (como robar o abusar) porque estos evidenciarían debilidad.

Vivimos en tiempos donde la psicopatía comenzó a ser más habitual que en otras épocas, es fundamental comprender que ante el primer indicador es necesario actuar, buscar ayuda, poner en palabras lo que se vive. Ese doble discurso, ese estado de posesión que tiene el psicópata sobre su víctima no debe ser naturalizado.

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